Crónica BlueTrail by Pedro Chávez

Después de varias carreras de montaña de corta distancia y con el único de objetivo de acabarlas, me inscribo el Tenerife BlueTrail, en la modalidad Trail de 53 Km, con salida en el Parador Nacional del Teide y llegada en la Plaza de La Orotava.
Ante mi baja forma para afrontar dicha prueba, me convenzo de hacerla relajadamente y disfrutarla, tomándomela como reto personal, acabarla será mi triunfo. A pesar de todo esto, los días previos a la carrera no dejo de darle vueltas a mi cabeza con los tiempos que puedo hacer, los cierres de control, mi hora prevista de llegada, etc, etc, en fin, LOS NERVIOS A FLOR DE PIEL.
Llega el día, despierto antes de sonar el despertador a las 04:30 horas (los nervios imagino), que frío (nervios?????), cafecito y vitaminas, sándwich pa llevar, repaso que no me deje nada y “ala”.
Llego a las 05:30 al Auditorio, lugar de partida de la guagua que me llevaría a la salida de la carrera, sorpresa, NO HAY NADIE, ni guagua ni nada (mas nervios, con sus respectivas ganas de ca…). Llamo a la organización y les comento y me dicen que si estoy seguro de que esa era la salida de la guagua, jaja, aun me río. Pa no aburrir, no había guagua y nadie sabía nada. Decido,  junto a otro corredor que acababa de llegar a coger la guagua que no existía, coger el coche y tirar pal Parador (pedazo de choleo). Por el camino hacemos migas y hablamos de este gran deporte por el que nos ha dado. Llegando al Portillo nos dicen que ya hay corredores por la zona, el Miguel Heras es un monstruo.

Tenerife Bluetrail 2011 53 Kms

Tenerife Bluetrail 2011 53 Kms

A las 07:15 llego al Parador, que frío Dios, 0ºC o menos calculo. Entro en la cafetería, y toma ya, más gente, me digo, “qué coño hago yo aquí con tanto máquina”, muchas caras conocidas, y la cola del baño llegaba a la puerta, todo el mundo evacuando. En eso, recibo un SMS del Elías (quién si no, el mejor) “vamoosssss Chinelaaaaa disfruta”, joder detalles como esos se reciben pocos. Me mando el sándwich y en eso veo llegar un corredor de la UltraTrail, coño!! es José Carlos García, de TenerifeTrail, le doy ánimos y me sube la adrenalina. Fotona con el Teide detrás y a línea de salida. Me coloco al final, como siempre, y 3,2,1 rumbo a la Orotava. Los primeros kilómetros se hacen cortos porque entre el atasco del grupo, el frío y los nervios no te das cuenta. Llego al aparcamiento del Teleférico, sonrisa pa una foto, y a seguir por el piche. Como veo una pequeña cuesta aflojo el ritmo, e incluso camino. Me encuentro a Juanjo, el gran Juanjo organizador del Maratón del Meridiano que viene haciendo la UltraTrail, le pregunto cómo va y me dice que bien, que lo ha pasado mal, pero que seguirá corriendo en cuanto comience el descenso. Me despido y sigo mi ritmo y llegamos al kilometro 7, primer avituallamiento, no paro y comienzo el ascenso a Montaña Blanca.

Con ayuda de los bastones me impongo un ritmo no muy rápido pero constante, como se nota la falta de oxígeno. En un momento llegamos a los 2530 metros de altura, cota más alta de la carrera, y comienza un descenso vertiginoso, yuuuuuupppyyyyyyy. Recupero posiciones en la bajada y adelanto a Carmelo Zerpa del TenerifeTrail, nos damos ánimos y sigo. Me encuentro justamente con una chica de la UltraTrail  (Ana Bustamante) y le sigo el ritmo, me dice varias veces que la pase, pero le insisto que no, que a ese ritmo iba muy muy bien y seguimos, le pregunto cómo va y me dice que cree que segunda, y seguimos a ese buen ritmo. Muy cerca de Fortaleza me dice que siga que ella afloja, y como me encontraba bien, pues seguí. Llego al Portillo, me desprendo del suéter, chubasquero y bastones, me mando un plátano y unos trozos de naranja y continuo. Yo saliendo, Ana Bustamante llegando.
Comienza la bajada, como me gustan, me emociono y zasssss!, amago de esguince, me paro y recupero. Continuo pero ya con miedo, ese tobillo me había privado de correr en el Hierro, no quería volver a recaer. Sin nadie por los contornos continuo, que tramo más largo, se hace eterno, adelanto y me adelantan. De repente, SMS de llamadas perdidas, coño mi mujer, que emoción, se acordó de mí (en el fondo me quiere y todo). La llamo y me lleno de ánimos, me reconforta hablar con la parienta, la cobertura no nos deja hablar mucho. Sigo y otra vez el móvil, el Elías, joder este sí que se acuerda de mí. Le digo que voy muy bien, que me encuentro bien a pesar de llevar más de 20 kilómetros encima, pero que no voy a llegar a la Caldera a las 12, y coincidir con la salida de ellos, pero que me quedaban unos 6 kilómetros pa llegar (error mío, eran 8-9), se sorprende y me da ánimos, pa no variar en él, y de fondo escucho el vozarrón de Yurena, “vamossssssss Pedriiiiiiiiiiiiiii”. Sigo adelante, pero comienzo a sentir algo de molestias bajo el pié derecho, me olía lo que era, y no tardo en sentir lo mismo en el izquierdo, AMPOLLAS!!!! (llagas de aquí en adelante). Llego a la Cruz del Dornalijo, otro avituallamiento, se me ha hecho largo pero me he sentido bien hasta la aparición de las llagas. Saco dos Compeed, y me las pongo en las susodichas. Casi ni bebo nada, para mí ha sido un avituallamiento pa las llagas. Llega Ana, y salimos juntos. Se nos hace largo hasta la Caldera, pero intimamos un poco, y la conversación nos hace más llevadero el camino. Con todo lo que me cuenta, me alegro de poder seguirle al ritmo a una campeona como ella. Paramos poco en el avituallamiento de la Caldera, y ella me invita a seguir junto a ella (que honor).
Hacemos cálculos de cuanto nos queda, y ponemos unas 3 horas más (yo ya llevaba casi 6 horas encima y ella 14). La subida se me hace eterna, y desgraciadamente pierdo a Ana, que gran escaladora es, no puedo seguirle el ritmo. Comienza mi bagaje, entre las llagas y la pájara que me ha entrado, no puedo ni correr, trotar cuesta. Cada subida que llega, más pajareta me quedo. Consumo un montón de agua, ni ganas de barritas ni nada, me encuentro fatal. Sigo a trompicones, pero sin parar, hasta que me quedo sin agua, ya está la cagué. Los carteles de la distancia que llevo me desmoralizan aun más, y las llagas, la secura y pensar en lo que queda, pueden conmigo. Me suena el móvil, que bien una distracción, es mi mujer, me pregunta que tal y que cuanto me queda, le digo que ando fatigado y quedan aun unos 9-10 kilómetros, y la respuesta de ella es: “todavíííaaaaaa????”, en ese momento me acuerdo de mi querida suegra. Sigo adelante y me llama el gran Elías, “campeón como vas”, le comento mi problema con el agua y que voy muerto, pero solo recibo ánimos por su parte, y yo no me doy ni cuenta de preguntarle cómo les ha ido a ellos en la MediaTrail, en fin, espero me perdone. Después de bajar tropecientos escalones, muy buenos para  mis llagas por cierto, llego al avituallamiento de la Casa del Agua (ni que pintado le venía el nombre), lleno la bolsa de la mochila de agua y me bebo 1 litro de “Tang” sabor naranja, que sed tenía por dios.

Salgo a toa leche dejando varios corredores en el avituallamiento, y comienza una pista larga la cual hago trotando a duras penas. Llegamos a un sendero de bajada muy pronunciada, y sintiéndolo mucho, con lo que me gusta bajar, no puedo ni correr, las llagas me lo impiden. Me pasa mucha gente de la UltraTrail, muchos los había yo pasado en la zona del Teide, pero ya me da igual. Me encuentro con un grupo de dos “canariones”, muy majos, y tan jodidos como yo, uno con llagas y el otro con los tobillos. Me siento bien con ellos, ya no me quejo yo solo, ahora somos 3, “chacho, chacho, esto es duro de cojone”. Nos siguen pasando corredores, me jode, pero no puedo hacer otra cosa. Llegamos a duras penas a Pinolere, último avituallamiento (pit stop para mí, porque lo hice en 15 segundos). Allí a uno de los canariones le esperaba la novia, lo cual le da fuerzas y se olvida de sus llagas, y se marcha del grupo (que envidia). Seguimos el otro “muyayo” y yo, y decidimos trotar lo que quedaba hasta la meta, al carajo las llagas. Recibimos muchos ánimos de la gente, me anima muchísimo, pero solo tengo en mente llegar. No conozco la plaza de la Orotava, pero no hago sino que buscar un campanario, para ver cuánto quedaba. Pregunto a todo dios cuanto queda, 100 metros, dos minutos, 300 metros, joder, cada vez queda mas, eso es posible??? Después de recorrer 10 veces las calles de la Orotava, o al menos a mi me lo parecía, veo la plaza, veo a la gente, veo el fin del calvario, veo mi objetivo cumplido, me acuerdo de mis hijos, y rompo a llorar, no lo puedo evitar (joder, que blando soy), la emoción puede conmigo, el dolor pasa a un segundo plano, enfilo la última calle, con pasillo para mí solo, y veo a Yurena que me anima y me acompaña, mas me emociono, mas me aplauden, mas lloro, enfoco a Elías y Nayra con sus cámaras (joder al Elías lo he tenido animándome desde las 7 de la mañana, olé sus huevos), subo 4 escalones (o 25, no lo recuerdo), y tras 9 horas y 51 minutos, cruzo la meta, dicen mi nombre, mi equipo, joder como lloro, no puedo parar. La satisfacción y la emoción son tantas que no puedo ni pararme, sigo caminando, miro al cielo, respiro, y finalmente hablo con mis compañeros. Los cabrones aun me animan, les veo contentos, me hacen sonreír, me siento hecho gofio pero más feliz que Miguel Heras, él habrá ganado la carrera, pero yo he ganado la mía.
Por fin le pregunto a mis compañeros como han quedado, y toma, el Elías en el puesto 22, herniado y todo, hasta corriendo es un campeón, y los demás muy buenos puestos y enteritos, arriba el Candetlón. Saludo a mis compañeros de sufrimiento, “los canariones”, unos tíos de puta madre. Al gran José Carlos García, el cual me sorprende al decirme su puesto 22 de la UltraTrail, me alegro mucho por él, se lo merece. Pregunto si no hay camiseta de Finisher para mí, me dicen que no, que solo para los de la UltraTrail, yo me sentía un Finisher igualmente con o sin camiseta. Continuo saludando a compañeros de carrera, todo el mundo está muy cansado, no soy yo el único. Veo a Ana Bustamante, ha acabado tercera, ha aterrizado y esta toda raspada, nos saludamos y me desea suerte.

Finalmente un par de cucharadas de paella, no me entraba más, y encima casi ni podía caminar, las llagas recordaban su presencia. Y por último, a casa en el coche del Elías, no recuerdo haberlo contratado como personal mánager y chófer, pero lo parecía.
Y aquí acaba ésta inolvidable experiencia, la cual adjunto al nacimiento de mis hijos y algunos momentos más de mi vida. Además me he dado cuenta de la buena gente que estoy rodeado. Nos vemos en la próxima.

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  1. javipadron
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